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Si te ha impactado la serie 'Querer', te recomendamos ver otras dos películas de su creadora Alauda Ruiz de Azúa | Series | LOS40

Hablar de violencia sexual dentro de la pareja sigue removiendo algo incómodo. No porque no exista, sino porque cuestiona uno de los pilares más protegidos de nuestra cultura: la idea de que dentro del matrimonio, del amor o de la convivencia, el consentimiento se da por supuesto.

La miniserie Querer, estrenada en 2024 en Movistar Plus+, entra de lleno en ese terreno pantanoso sin levantar la voz, sin subrayados morales y sin ofrecer respuestas fáciles.

La historia arranca con un gesto que lo descoloca todo. Miren, tras treinta años de matrimonio y dos hijos en común, abandona el domicilio familiar y denuncia a su marido por violación continuada. No hay una escena concreta que lo explique todo. No hay un “momento clave” que permita al espectador acomodarse en el juicio rápido. Lo que hay es una pregunta que atraviesa toda la serie: ¿qué ocurre cuando una mujer nombra como violencia algo que durante años fue vivido —o impuesto— como normalidad?

Querer no se centra únicamente en el proceso judicial, aunque este esté siempre presente. Lo que realmente pone en primer plano es el impacto subjetivo y relacional de la denuncia. El relato se fragmenta entre la madre que habla, el padre que niega y unos hijos obligados a posicionarse en un conflicto que no eligieron. Y ahí aparece una de las grandes potencias de la serie: mostrar cómo la violencia sexual no es solo un acto, sino un sistema que organiza silencios, lealtades, culpas y dudas durante décadas.

Uno de los aspectos más valiosos de la miniserie es que no construye un agresor caricaturesco ni una víctima perfecta. El marido no encaja en el estereotipo del monstruo; es precisamente esa normalidad lo que incomoda. La violencia que se narra no se apoya en la fuerza explícita, sino en la insistencia, la obligación conyugal, la idea de que el cuerpo de la mujer forma parte del contrato matrimonial. Y esto conecta directamente con muchas experiencias reales que rara vez encuentran legitimidad social o jurídica.

Desde una mirada psicológica, Querer pone palabras a algo que en consulta aparece con frecuencia: mujeres que tardan años en identificar como violencia aquello que vivieron como “lo que tocaba”, “lo normal”, “lo que hacen todas”. El consentimiento, cuando se analiza desde relaciones desiguales de poder, deja de ser un sí libre para convertirse en una renuncia constante. La serie no lo explica, lo muestra. Y eso la hace especialmente honesta.

También resulta relevante cómo aborda la reacción del entorno. Los hijos no solo dudan de la madre, dudan de su propia historia. Si esto es verdad, ¿Qué significa todo lo demás? La serie refleja muy bien esa fractura interna que aparece cuando una verdad silenciada sale a la luz: el deseo de no saber, la tentación de relativizar, la necesidad de proteger la imagen familiar incluso a costa del dolor de quien habla.

Querer no es una serie cómoda. No está pensada para el consumo rápido ni para la identificación complaciente. Es lenta, contenida y deliberadamente incómoda. Pero precisamente por eso es necesaria. Porque nos obliga a revisar qué entendemos por amor, por pareja, por deber conyugal y por consentimiento. Y porque recuerda algo fundamental: nombrar la violencia no rompe a la familia; lo que la rompe es la violencia sostenida en el silencio.

Es una miniserie que no busca gustar, sino abrir grietas.

Y en un contexto social donde todavía cuesta reconocer la violencia sexual dentro de la pareja, esas grietas son imprescindibles.

https://www.filmaffinity.com/es/film768757.html

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