Hay conceptos que, cuando los entiendes, te permiten mirar tu relación con otros ojos. El Triángulo del Amor de Sternberg es uno de ellos.
No es un test para decidir si tu relación “vale la pena” o si está bien o mal. Tampoco es una etiqueta para clasificar vínculos. Es, más bien, una herramienta para comprender cómo amas, desde dónde te vinculas y qué dinámicas están presentes en la relación que estás construyendo.
El modelo plantea que el amor se compone de tres dimensiones: intimidad, pasión y compromiso. Pero lo importante no es tanto memorizar estos conceptos como observar cómo se combinan en tu experiencia real. Hay relaciones donde hay mucha cercanía emocional pero poco deseo; otras donde la pasión es intensa pero no hay proyecto compartido; y otras donde el compromiso sostiene el vínculo aunque la intimidad se haya ido debilitando con el tiempo.
Mirar una relación desde este triángulo permite salir del “algo falla, pero no sé qué es” y empezar a poner palabras. Ayuda a diferenciar entre crisis puntuales y desequilibrios más profundos. A entender que no todas las carencias significan desamor, pero que tampoco todo se arregla con aguantar o esperar.
También invita a mirarte a ti: qué dimensión tiendes a priorizar, cuál descuidas, qué necesitas para sentirte en un vínculo seguro. A veces descubrimos que no es que no sepamos amar, sino que hemos aprendido a hacerlo sacrificando partes importantes de nosotras mismas.
Sternberg propone que el amor se construye sobre tres ejes fundamentales:
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- Intimidad
- Pasión
- Compromiso
La combinación (o ausencia) de estos ejes da lugar a diferentes tipos de relación.
Pero antes de verlos, vamos a entender bien qué significa cada componente.
INTIMIDAD
Hace referencia a la conexión emocional: cercanía, confianza, complicidad, expresión de vulnerabilidad y sensación de apoyo mutuo.
- capacidad de abrirse emocionalmente
- calidad de la comunicación,
- percepción de apoyo,
- existencia de momentos compartidos relevantes.
PASIÓN: la energía y el deseo
La pasión es la chispa erótica y emocional:
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- deseo sexual,
- atracción física,
- tensión positiva,
- ilusión,
- juego,
- energía dentro de la relación,
- sensación de vitalidad.
Está muy presente al principio, pero fluctúa con los años, el estrés, la maternidad, el agotamiento o la desconexión emocional.
No desaparece sola por el paso del tiempo: suele apagarse por falta de cuidado, resentimiento o pocas oportunidades de conexión.
COMPROMISO: la decisión de sostener el vínculo
El compromiso no tiene que ver con aguantar, sino con decidir la relación cada día:
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- acuerdos,
- proyecto de vida,
- decisiones compartidas,
- responsabilidad afectiva,
- voluntad de estar incluso en momentos difíciles,
- reparar, negociar, revisar.
No es el elemento más romántico, pero sí uno de los más importantes.
El compromiso da estabilidad y horizonte.
¿Qué pasa cuando combinamos estos tres ejes?

Estas son las combinaciones que propone Sternberg:
- Intimidad sola → amistad profunda
- Pasión sola → encaprichamiento
- Compromiso solo → amor vacío
- Intimidad + Pasión → amor romántico
- Intimidad + Compromiso → amor sociable / compañerismo
- Pasión + Compromiso → amor fatuo
- Intimidad + Pasión + Compromiso → amor consumado (ideal teórico)
Ninguno es “el bueno” o “el malo”.
Lo importante es entender qué necesitas tú y qué está pasando en tu relación.
1. Amor de amistad profunda: la intimidad sin el resto
Aquí hay cercanía, confianza, apoyo mutuo y sensación de equipo… pero sin deseo ni compromiso de proyecto.
Es el amor de mejores amigos, ese en el que te sientes vista y arropada, pero que quizá no se traduce en un vínculo romántico.
A veces, las parejas largas se resguardan aquí porque la pasión se perdió y el compromiso se tambalea, pero la conexión emocional sigue siendo fuerte.
2. Encaprichamiento: pasión sin profundidad
Es el “me muero por ti” del inicio.
Deseo intenso, atracción desbordada… y poco más.
La relación puede ser muy emocionante, pero sin intimidad ni compromiso se convierte en un fuego rápido: intenso, pero breve.
3. Amor vacío: compromiso sin cercanía ni deseo
Aquí la relación se sostiene por la costumbre, los acuerdos, las responsabilidades, la convivencia o incluso el miedo a separarse.
No hay intimidad emocional ni energía erótica.
A menudo se vive como una convivencia cordial… o fría.
4. Amor romántico: intimidad + pasión
Hay conexión emocional y erotismo.
Pero no hay un proyecto común o una decisión clara de sostener la relación a largo plazo.
Es una relación que se vive con intensidad, pero que puede tambalearse ante crisis, distancia o cambios vitales.
5. Amor sociable o de compañía: intimidad + compromiso
Es el amor de parejas que se quieren, se cuidan y funcionan como equipo, pero han perdido la chispa del deseo.
Muchas parejas que llevan años juntas acaban aquí: no es una mala noticia si ambos lo viven con satisfacción, pero puede ser una señal de que algo necesita renovarse.
6. Amor fatuo: pasión + compromiso sin intimidad
Intenso, rápido y muchas veces impulsivo.
Hay deseo y una decisión de estar juntas… pero sin la cercanía emocional que sostiene el vínculo.
Relaciones que empiezan con fuerza (“nos mudamos juntas a los dos meses”) pero sin una base sólida.
7. Amor consumado: los tres componentes juntos
Es el ideal teórico: intimidad, pasión y compromiso equilibrados.
No es un estado permanente, sino un lugar al que se llega y del que uno se mueve, dependiendo del momento vital, el trabajo emocional y la realidad del día a día.
No se mantiene solo: se cuida, se conversa, se renegocia.
¿Para qué sirve todo esto?
No para encasillar tu relación.
No para juzgarte.
No para compararte con nadie.
Sirve para algo más honesto:
👉 entender en qué punto está vuestra relación,
👉 reconocer qué vértices están fuertes y cuáles no,
👉 abrir conversaciones que de otra forma cuesta iniciar.
En terapia utilizamos este modelo para que cada miembro puntúe intimidad, pasión y compromiso del 1 al 10, y después explorar juntos qué necesitan para sentirse más conectados.
Ver estos números unos meses después suele ser revelador: se ve el trabajo, los cambios y lo que aún duele.
No existe la relación perfecta. Existe la relación consciente.
El triángulo de Sternberg no te dice “cómo tiene que ser el amor”.
Te ayuda a hacerte una pregunta mucho más poderosa:
¿Qué tipo de relación quiero construir y qué necesito para que se parezca a eso?
Y ahí empieza el trabajo de verdad.
