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“No sé cómo explicar que estoy cansada, aunque no haya hecho nada ‘extraordinario’”.
— Una frase habitual en las consultas de terapia feminista.

Si eres mujer, probablemente te resulte familiar esa sensación de agotamiento constante aunque “todo esté bien”.
No es solo cansancio físico: es carga mental, un peso invisible que muchas mujeres sostienen día tras día, sin pausa ni reconocimiento.

Desde la psicología feminista, entendemos que esta sobrecarga no es un problema individual, sino un síntoma social: una consecuencia directa de los mandatos de género y la desigualdad en los cuidados.

¿Qué es la carga mental?

La carga mental es el trabajo invisible de pensar, anticipar, planificar y sostener la vida cotidiana de los demás.
No es solo hacer, sino pensar en lo que hay que hacer.

Ejemplos cotidianos:

🚨 Recordar citas médicas, menús o cumpleaños.

🚨 Acordarse de reponer lo que falta.

🚨 Detectar necesidades emocionales en casa o en el trabajo.

🚨 Ser quien organiza, recuerda y calma.

 

Aunque muchas veces se confunde con “estrés” o “mala organización”, la carga mental tiene una raíz social: recae desproporcionadamente sobre las mujeres porque hemos sido educadas para cuidar, estar disponibles y preverlo todo.

De dónde viene la carga mental: una cuestión de género

Desde pequeñas, aprendemos que nuestro valor está en cuidar, sostener y no molestar.
Nos enseñan a estar atentas a los demás y a sentirnos responsables del bienestar ajeno.

Mientras tanto, los hombres suelen ser socializados para priorizar su tiempo, su descanso y sus proyectos personales.
Por eso, incluso en parejas igualitarias, las mujeres siguen siendo las “gestoras emocionales” y “coordinadoras logísticas” del hogar.

“Si no lo hago yo, no se hace.”
“No quiero discutir, prefiero hacerlo.”
“No debería quejarme, no es para tanto.”

Estas frases, tan comunes, muestran cómo la autoexigencia y la culpa refuerzan la carga mental.

El impacto psicológico de la carga mental

La carga mental no se queda en lo doméstico: afecta profundamente la salud mental de las mujeres.
Desde la terapia feminista observamos consecuencias emocionales y físicas frecuentes:

  • Ansiedad y sensación de no poder desconectar.
  • Culpa constante por no llegar o descansar.
  • Tristeza, apatía o sensación de vacío.
  • Insomnio, tensión muscular o problemas digestivos.
  • Desconexión emocional y pérdida de placer.

La salud mental femenina no se deteriora por debilidad, sino porque el sistema coloca sobre nosotras una exigencia estructural: ser eficientes, cariñosas, disponibles y siempre fuertes.

La culpa: el guardián invisible del mandato femenino

Una de las emociones más presentes en mujeres con carga mental es la culpa.
Culpa por no hacer más, por necesitar ayuda o por descansar.

Desde la psicología feminista, entendemos la culpa como una herramienta cultural de control:
cuando una mujer intenta poner límites o priorizarse, el sistema le devuelve el mensaje de que está siendo egoísta.

📢 “Si te cuidas, eres una mala madre.”
📢 “Si te quejas, eres débil.”
📢 “Si no puedes con todo, es que no te organizas bien.”

Así, la culpa perpetúa la desigualdad y mantiene a las mujeres atrapadas en la trampa de la autoexigencia.

Carga mental y desigualdad: los datos lo confirman

Los estudios sobre género y salud mental son claros:

  • Las mujeres dedican el doble de tiempo diario que los hombres a los cuidados y tareas del hogar (INE).
  • El 72% de las madres españolas se sienten habitualmente sobrecargadas.
  • La OMS señala que las mujeres tienen el doble de probabilidad de sufrir depresión y ansiedad por factores sociales, entre ellos la carga de cuidados.
  • Incluso cuando las tareas se reparten, la gestión emocional y mental suele seguir siendo femenina.

La carga mental femenina no es un fallo personal, sino una consecuencia estructural.

El cuerpo también habla: señales de sobrecarga

La carga mental se manifiesta tanto en la mente como en el cuerpo.
Estas son algunas señales de alerta frecuentes:

  • Cansancio constante, incluso después de descansar.
  • Dificultad para disfrutar o concentrarse.
  • Dolores de cabeza, espalda o estómago.
  • Tensión muscular o sensación de “nudo en el pecho”.
  • Irritabilidad o necesidad de controlarlo todo.

El cuerpo es sabio. A veces no se apaga porque sabe que si lo hace, todo se cae.
Pero vivir en modo alerta permanente no es sostenible: el cuerpo termina pasando factura.

Cómo puede ayudarte la terapia feminista

La terapia feminista no busca que aprendas a “aguantar mejor”, sino que comprendas por qué estás cargando tanto.

En consulta trabajamos:

  • Nombrar la desigualdad que hay detrás del malestar.
  • Cuestionar los mandatos que te empujan a exigirte.
  • Revisar el diálogo interno desde la ternura, no desde la crítica.
  • Recuperar el derecho al descanso, al placer y a la imperfección.

La terapia feminista no te pide que seas más productiva, sino más libre.

Cuando una mujer entiende que su cansancio tiene sentido, deja de culparse y empieza a reconectarse con su deseo y su bienestar.

7 herramientas prácticas para aliviar la carga mental

1. Ponle nombre

Nombrar lo que ocurre es un acto de conciencia y poder.
No es “estrés”, no es “falta de organización”: es carga mental.

2. Habla de ello

Compartir lo que sientes con amigas, pareja o terapeuta permite transformar la culpa en conciencia colectiva.
Lo que se nombra, deja de ser invisible.

3. Comparte, no delegues

No se trata de pedir “ayuda”, sino de construir corresponsabilidad real.
Ambas personas deben asumir la planificación, no solo la ejecución.

4. Cuestiona los mandatos

Pregúntate:

  • ¿Qué pasaría si no lo hiciera?
  • ¿Por qué creo que tengo que poder con todo?
  • ¿Qué idea de “buena mujer” estoy intentando sostener?

5. Crea espacios propios

Descansar no es un premio, es una necesidad.
Reserva tiempo para ti sin culpa, sin justificarlo, sin excusas.

6. Escucha al cuerpo

Aprende a identificar señales de sobrecarga y respétalas.
Tu cuerpo no te traiciona: te protege.

7. Busca acompañamiento feminista

La psicología feminista te ofrece un espacio seguro para repensarte sin juicios.
No estás sola en esto: la carga es colectiva, la liberación también.

Cuidar también es político

Hablar de carga mental es hablar de justicia social.
Porque el bienestar de las mujeres no puede depender del sacrificio.

Reivindicar el descanso, los límites y la corresponsabilidad no es egoísmo:
es una forma de resistencia frente a un sistema que se sostiene sobre el cuidado gratuito de las mujeres.

Cuando una mujer se permite descansar sin culpa, todas ganamos libertad.

Conclusión: hacia una vida más ligera y justa

La carga mental no es una señal de debilidad, sino una muestra de fortaleza sostenida demasiado tiempo.
Pero ninguna fortaleza debería construirse a costa de la salud mental o del cuerpo.

Desde las cooperativas de terapia feminista, trabajamos para que las mujeres puedan entender su malestar desde un enfoque integral:
🌿 psicológico
🌿 social
🌿 político.

Sanar la carga mental no es solo aprender a parar.
Es reaprender a vivir desde la conciencia, la ternura y la equidad.
Es elegir dejar de ser la que “puede con todo” para convertirse en la que elige qué quiere sostener.

 

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