La curva de las emociones.

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La curva de las emociones: entender que las emociones son pasajeras

Seguramente te haya ocurrido alguna vez. Estás atravesando un momento de ansiedad, tristeza, rabia o miedo y tienes la sensación de que esa emoción no va a terminar nunca. Cuando el malestar es intenso resulta difícil imaginar que, en unas horas o unos días, podamos sentirnos de otra manera.

Sin embargo, las emociones tienen una característica fundamental: son temporales. Aunque algunas experiencias puedan dejar una huella duradera, la activación emocional asociada a ellas no permanece constantemente en su punto más alto. Las emociones aparecen, aumentan de intensidad, alcanzan un pico y, posteriormente, disminuyen.

La llamada curva de las emociones representa precisamente este proceso.

emociones curva de las emociones
La curva de las emociones

Las emociones tienen una función

Con frecuencia hablamos de determinadas emociones como si fueran un problema que debemos eliminar cuanto antes. La ansiedad, la tristeza o la rabia suelen interpretarse como señales de que algo va mal. Sin embargo, desde la psicología sabemos que todas las emociones cumplen una función.

El miedo nos prepara para responder ante una amenaza. La tristeza nos ayuda a procesar pérdidas y situaciones dolorosas. La rabia puede alertarnos de una injusticia o de que se han vulnerado nuestros límites.

Que una emoción resulte desagradable no significa que sea perjudicial. En muchas ocasiones el sufrimiento aumenta porque interpretamos la emoción como algo peligroso y comenzamos a luchar contra ella.

El pico de las emociones no dura para siempre

Uno de los aspectos más importantes de la regulación emocional consiste en comprender que nuestro organismo no puede mantenerse indefinidamente en niveles máximos de activación.

Cuando una emoción alcanza su punto más intenso solemos pensar que seguirá aumentando sin control. Sin embargo, el cuerpo humano funciona de otra manera. Tras un periodo de activación aparece progresivamente una fase de regulación en la que la intensidad emocional comienza a disminuir.

Esto puede observarse con frecuencia en los episodios de ansiedad. Muchas personas sienten durante una crisis que van a perder el control o que la sensación nunca desaparecerá. Sin embargo, incluso cuando no hacemos nada para eliminarla, la activación fisiológica acaba descendiendo de forma natural.

Cuando intentamos evitar lo que sentimos

A veces el problema no es la emoción en sí, sino el esfuerzo constante por no sentirla.

Intentamos distraernos, bloquear pensamientos, evitar determinadas situaciones o buscar tranquilización inmediata. Aunque estas estrategias pueden proporcionar alivio a corto plazo, con frecuencia terminan transmitiendo el mensaje de que esa emoción es peligrosa y debe desaparecer cuanto antes.

Paradójicamente, cuanto más luchamos contra algunas emociones, más pendientes estamos de ellas.

Por el contrario, cuando comprendemos que una emoción es pasajera resulta más fácil permitir que siga su curso natural sin añadir una segunda capa de sufrimiento relacionada con el miedo a sentir.

Aprender a confiar en nuestro sistema emocional: las emociones se regulan

Una de las tareas más importantes en terapia consiste en desarrollar confianza en nuestra capacidad para atravesar emociones difíciles.

No porque sean agradables ni porque debamos resignarnos a sufrir, sino porque sabemos que son experiencias transitorias. La emoción llegará, ocupará espacio durante un tiempo y terminará modificándose.

Esto no significa que todos los problemas se resuelvan solos ni que las emociones desaparezcan de forma inmediata. Significa reconocer que el malestar emocional forma parte de la experiencia humana y que nuestro organismo dispone de mecanismos naturales para regularlo.

Una idea para recordar sobre las emociones

Cuando una emoción intensa aparece solemos centrar toda nuestra atención en el momento de máxima intensidad. Sin embargo, si observamos la curva completa veremos que ese punto es solamente una parte del proceso.

La emoción no permanece estática. Evoluciona, cambia y acaba transformándose.

Comprender esta idea puede ayudarnos a relacionarnos de una forma más amable con nuestro mundo emocional. No porque deje de doler, sino porque nos permite recordar que lo que sentimos hoy no necesariamente será lo que sintamos mañana.

Las emociones, igual que llegan, también pasan.

Te dejamos algunas técnicas para ayudarte a atravesar el pico de las emociones:

CUANDO LA MENTE NO PARA. GUÍA PRÁCTICA DE LOS 5 SENTIDOS.

CALMAR LA MENTE, LOS 4 PASOS DE JEFFREY SCHWARTZ PARA RECUPERAR EL CONTROL

DEJAR DE PREOCUPARTE POR LO QUE NO CONTROLAS: LOS CÍRCULOS DE COVEY

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