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Una herramienta práctica para reducir la ansiedad.

Reaccionar es ese impulso rápido, casi automático, que aparece cuando sentimos amenaza, presión o miedo. Responder, en cambio, es ese pequeño espacio de consciencia que nos permite elegir cómo actuar.

Responder es soberanía; reaccionar es supervivencia.

Y aquí viene la pregunta importante: ¿por qué a veces vivimos más en la reacción que en la respuesta?

Stephen Covey lo explica con una metáfora que, aunque nació en el mundo del desarrollo personal, hoy es una herramienta fundamental en psicología: tres círculos que nos ayudan a representar la forma en la que organizamos nuestra energía frente a la vida.

Los tres círculos que estructuran tu mundo

Covey habla de tres espacios: el círculo de control, el de influencia y el de preocupación.

  1. Círculo de control: lo que depende directamente de ti. Tus decisiones, tus límites, tu autocuidado, tu forma de hablarte, tu respiración, tu conducta. Es el espacio donde puedes ejercer agencia real.
  2. Círculo de influencia: todo aquello donde no tienes control total pero sí capacidad de incidir. Por ejemplo, estudiar para un examen (no controlas la nota, pero sí la preparación), acompañar una relación, pedir un cambio en el trabajo, negociar tareas en casa. Aquí hay corresponsabilidad y corresubjetividad, no poder absoluto.
  3. Círculo de preocupación: lo que no depende de ti. El clima, el pasado, las decisiones ajenas, los comportamientos de otras personas, lo que la gente opina, o incluso estructuras sociales que te atraviesan sin que tú las hayas elegido.

Las personas reactivas viven atrapadas en el círculo de preocupación.

Las proactivas, en cambio, habitan su círculo de control e influencia, ampliándolo poco a poco.

Cuando vivimos en el círculo de preocupación: ansiedad, agotamiento y culpa

Cuando centramos nuestra energía en aquello que no depende de nosotras, y habitamos el círculo de la preocupación, el resultado es claro:

– ansiedad
– sensación de impotencia
– frustración
– hiperresponsabilidad
– culpa
– agotamiento emocional

Sin embargo, habitar el círculo de control e influencia nos ayuda a poner la energía donde sí puede florecer: en ti, en tus decisiones, en tus límites, en tu cuerpo, en tu descanso, en tu forma de hablarte.

Cuando te centras en lo que sí puedes cambiar:

• te sientes más segura
• reduces la ansiedad
• recuperas sensación de capacidad
• pones límites de forma más clara
• duermes mejor
• cuidas tu autoestima
• te vuelves más compasiva contigo

Y a la larga, ocurre algo precioso: tu círculo de influencia crece. Es decir, el mundo responde mejor a ti porque tú has cambiado la forma de relacionarte con él.

Un ejercicio sencillo para empezar hoy

Si quieres otro ejercicio que puede ayudarte a calmar la mente… te dejamos la técnica de los 5 sentidos:

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