Salud Mental y Crisis de la Vivienda: un Contexto de Inseguridad Material

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La actual crisis de la vivienda revela los límites de la psicología clínica para explicar e intervenir sobre el sufrimiento que padecemos. No pueden separarse las sensaciones de incertidumbre, ansiedad y agotamiento, de las condiciones materiales existentes. Nos encontramos en un momento histórico donde una necesidad básica fundamental, como es la vivienda, es un lujo que no podemos dar por sentado como clase trabajadora.

La vivienda no es sólo un espacio físico, no es una mercancía con la que especular, es algo a lo que algunos llamamos hogar. En el plano psicológico es además un lugar seguro donde desarrollar una existencia estable, y la actual crisis habitacional organiza nuestra subjetividad.

Aquellos que no tenemos capacidad de ahorro por la precariedad de los salarios, o aquellos que no podemos salir del hogar familiar, experimentamos la vergüenza derivada de una narrativa meritocrática liberal, que expone que si no puedes pagar el alquiler es porque no te has esforzado lo suficiente. Quienes tenemos que irnos a vivir lejos de la capital, nos alejamos de nuestras redes de apoyo, lo que nos aísla y deprime. La posibilidad de que puedan echarnos en cualquier momento de nuestros hogares hace que vivamos en una alerta constante, anticipando el futuro, haciendo malabares con el presente. Dejamos de vivir, para sobrevivir al sistema.

Nunca se ha tratado simplemente de dónde vivimos, sino de cómo nos leemos a nosotros mismos. Nuestras condiciones materiales y nuestra subjetividad danzan al son del capital. Desde la psicología clínica se ha tendido a ofrecer explicaciones y soluciones individuales y personales a los malestares que padecemos; la psicología crítica, sin embargo, enfatiza en cómo las condiciones materiales condicionan el modo de estar en el mundo de las personas. En la disputa por la interpretación del sufrimiento humano, las psicólogas tenemos la responsabilidad de cambiar la narrativa de la adaptación individual por la de la transformación social. Esto no niega la individualidad excepcional de cada persona, ni la posibilidad de recibir un acompañamiento psicológico cuando sea necesario, consiste en vislumbrar lo estructural del sufrimiento y recuperar el carácter colectivo del cuidado.

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